De feminismos y otras especies.

Soy mujer y no soy feminista.  Soy madre y me encanta serlo.

Pongo esto por delante para quien quiera dejar de leer este artículo.

Creo que la lucha por los derechos debería primero no ser una lucha, y segundo no ser enarbolada por un colectivo sino por la entera sociedad.

Todos los grupos que conozco que se etiquetan son exclusivistas. Y todos en un momento u otro fundamentan sus exigencias dejando a alguien fuera.

Por supuesto que estoy a favor de los derechos de la mujer. Y del hombre, y del niño, y del trabajador, y de los animales, y de los jugadores de juegos de rol.

Me da igual en qué conjunto se metan las personas, los seres vivos,  para relacionarse con los demás. Siempre, repito SIEMPRE,  deberían ser respetados nuestros derechos, los de todos. Y deberíamos así mismo respetar los de los demás. Aunque esos derechos que piden los demás a  nosotros nos parezcan ajenos.

Si eres feminista, nihilista o de las otras ( me da igual porque de hecho aún no entiendo ninguno de los feminismos que veo) me parece genial que te dediques a mejorar tu situación y del resto de mujeres. Pero no entiendo que lo hagas en base a menospreciar a las que no son como tú.
Ahora está de moda renegar de facetas de lo femenino. En un tiempo ser feminista era usar minifalda, ahora al parecer es no depilarse. En un tiempo era fumar y tomar la píldora, ahora es comer macrobiótico y usar la sangre menstrual.

Son tópicos  ¿verdad? Sí lo son.
Lo que pretendo mostrar es que los que querían cambiar cosas lo hacían intentando cambiar lo existente. Sobre todo cuando se tendía al pensamiento único. Suponía que habíamos evolucionado y éramos más modernos.

Pues resulta que no.

Ahora que las mujeres tenemos más libertad sobre ciertos aspectos resulta que a esas que luchan por nosotras (qué suerte tenemos) les molesta lo mismo que les molestaba a los que nos negaban el voto: que pensemos y escojamos.

Resulta que me encanta usar tacones, depilarme, maquillarme cuando me apetece, ser madre, parir, amamantar, portear, colechar y a veces hasta hacer punto. Y en el sexo puedo ser dominadora o sumisa o ambas cosas. Y sigo siendo yo.

Y eso me convierte en una subespecie para estas mujeres evolucionadas que  al parecer creen que ser mujer es solo ser como ellas digan. Escogiendo de la feminidad lo que ellas creen que es importante.

¿Soy yo sola la que ve en esto un sectarismo y fascismo total?

Del “lote” anterior yo lo quiero todo pero  respeto a las que solo cogen una parte. O a las que decían que no iban a ser de ese tipo de mujeres y madres  y van descubriendo, a veces para su propio estupor,  que les gusta  y lo disfrutan. Respeto a las que querían ser así y en el proceso descubren que no es como pensaban y se apean en marcha.

Y lo respeto porque si algo sé es que uno no puede vivir ningún proceso físico ni emocional para agradar a la galería. Y créanme, hay mucha galería observando lo que hace cada mujer.
Ya bastante carga es vivir con nuestro propio juicio ( y prejuicios) como para vivir con los juicios de los demás.

Y me parece genial que las que abogan por la no maternidad decidan ejercer su discurso. De hecho hasta les aliento a que lo hagan: Señoras (creo que el término “señora” se considera patriarcal pero como no me nace llamarlas “hermanas” porque no lo son… pues me quedo con ese si me lo permiten) feministas que abogan por la no maternidad, hágannos un favor a la humanidad y sigan su instinto. No procreen. Ya no solo para no transmitir esos genes tan llenos de rencor hacia la vida misma,  sino porque esos seres que ustedes quieren que críe el estado o la sociedad  son personas. Y por el hecho de serlo tienen derechos y necesidades. Y visto que ustedes no quieren verlos ni reconocerlos  mejor  no traerles a una existencia a la que llegamos todos esperando que nos satisfagan nuestras expectativas y deseos. Porque la vida al final es la búsqueda del placer. Y placer señoras mías no es el coito, ni el orgasmo propio, ni siquiera ser líder de masas y que le aplaudan a una un artículo incendiario. El placer es mucho más amplio y  más sutil. El placer es sentirse colmado. Y créanme que los únicos que pueden sentirse así son nuestros hijos cuando no les negamos nuestro cuerpo. El resto de búsqueda en la vida: de derechos, de reconocimiento, de prestigio, de satisfacción personal y profesional de prominencia, de status, de riqueza… todo son sustitutos por no haber colmado la necesidad primaria.

Ustedes señoras mías como yo, como todos, tenemos esa medida no colmada y por eso nos da por buscarla con estas cositas: escribiendo, movilizando, incluso provocando. Porque al final la búsqueda de atención es eso.

Si no, estarían a otras cosas y no escribirían artículos incendiarios. Créanme qu elo sé porque yo también experimento placer momentáneo cuando un artículo mío se comenta y se comparte cientos de veces. Pero ¿saben? eso no me va a colmar lo que no me dieron.

Por eso aunque todos vamos por la vida con ese vacío, la diferencia es que algunas intentamos que nuestros hijos no paguen por nuestras mierdas, ni los hijos de las demás tampoco.

Sigan ustedes con su sistema anti niños, anti vida, anti cuidado… y que mueran ustedes jóvenes y de repente. Para que no sientan la vergüenza de tener que necesitar cuidado de terceros… ese cuidado que tanto critican y que según ustedes tanto envilece y degrada a quien lo proporciona.

Y por favor bajen de su pedestal paternalista disfrazado de otra cosa y dejen de decirle a las demás qué hacer.  Si les molesta ver a mujeres siendo felices en su rol de madres… ya saben… busquen un hotel de esos de “kids free” y a disfrutar… eso sí, cuando se acuesten piensen en que alguien cambió las sábanas para que estén limpias y que alguien preparó la cena que les nutrió el cuerpo. Porque la mayor democracia que hay  es tener un cuerpo que nos recuerda que por muy libres que seamos tenemos que comer y dormir… fíjate tú… como nuestros hijos.  
Y dicho esto: déjennos en paz  a  las que gozamos haciendo lo que hacemos.
Nohemí Hervada
PD: háganse mirar por qué les molesta tanto la felicidad ajena por favor. O mejor busquen lo que les hace felices a ustedes, dedíquense a ello y verán cómo se la repampinfla hasta cuándo doy teta yo a mis hijos.

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