El debate del feminismo nihilista frente al empoderamiento femenino

Si tuviera que elegir, como historiadora, un movimiento realmente comprometido con la libertad humana como ejemplo del concepto de empoderamiento humano, sin duda mencionaría, en primer lugar el Feminismo, quizá solo detrás de las ideas multiformes de la Revolución Francesa.

La idea de que todos los hombres (mejor digamos seres humanos aunque a los revolucionarios se les pasó mencionarlo a pesar de Olympe) nacen libres e iguales en derechos es impactante en la Historia pero se basa en posiciones irreales si no las entendemos como una pura filosofía. La libertad es un estado mental de conciencia del que ni ser esclavo te priva si dispones de la suficiente resiliencia. Pero es también un hecho que se logra mediante actos individuales y colectivos de valor. La libertad, al final, sería la posibilidad de elegir y esto, admitámoslo, incluso con la protección de la Ley, siempre es parcial.
La libertad es además un acto de responsabilidad, pues tenemos también la obligación moral de reconocer y promover en los demás su posibilidad y su realización. Y, como decía, solo las personas dotadas de resiliencia y confianza en ellos mismos pueden reconquistar libertades y construirlas. Dejémoslo aquí, pues al final, entenderemos que es lo que quiero decir.
Bien, el feminismo es un movimiento que lucha por la igualdad de derechos de una mitad de la Humanidad tradicionalmente subyugada desde tiempos del Neolítico (al menos desde entonces, de lo anterior todo son especulaciones y deseos), las mujeres, esclavas del hombre o minusvaloradas en los actos jurídicos, económicos y personales. La lucha del Feminismo además, trasciende la liberación de las mujeres, pues, no olvidemos, es imposible ser libre rodeado de esclavos y parte de la libertad es el reconocerla en otros. 
El Feminismo es un movimiento que reclama la libertad del Ser Humano por ser tal, y no solo libera a las mujeres, sino que permite a los hombres actuar en una sociedad libre e igual para todos, haciendo que puedan dejar de ser enculturados en roles y violencias ancestrales. 
El Patriarcado Agrícola y su derivación actual, el Capitalismo Patriarcal, son modelos de sociedad basados en la violencia de unos contra otros, de hombres contra mujeres, de libres contra esclavos, de ricos contra pobres, de países desarrollados contra países pobres. Trascienden la dicotomía sexual, aunque la lleven en sus entrañas. La misma sociedad democrática, atada a las relaciones de poder, sumisión y dominación económica, sigue funcionando en un continuo patriarcal de base. Y en este contexto ha evolucionado el Feminismo.
La igualdad de derechos, incluso cuando es reconocida legalmente, está lejos de haberse conseguido. El machismo subyace en las organizaciones y las mentalidades. Y el Feminismo, como movimiento, se ha diversificado una vez conseguido su objetivo inicial de la igualdad legal.
¿Cómo ha evolucionado el Feminismo? 
Por un lado, no olvidemos, si concebimos el Feminismo como un movimiento global, es indiscutible el respeto y apoyo que merece quien trabaja para lograr que en aquellos lugares, muchos, en los que la mujer sigue siendo objeto, se avance.
Por otro, en países democráticos, luchando para conseguir que la igualdad legal sea efectiva en todos los ámbitos, se consiga que las mujeres tengan la misma capacidad económica y libertad, y se erradique la violencia sexista, en todos sus aspectos.
Destaco además movimientos como el Feminismo Ecologista y el Feminismo Humanista, que, desde posiciones de respeto hacia los seres humanos y al mismo planeta, trabajan con valores tradicionalmente femeninos como la cooperación y el cuidado del entorno humano y natural.
Y llegamos a la mutación más aterradora del Feminismo, que, afortunadamente, aunque haga ruido, es peligrosamente distópico.
¿Puede el Feminismo mutar en Distopía?
Pues parece que sí. ¿Qué digo? Os juro que recientemente, desde alguna revista manifiestamente feminista, hemos leído con horror el diseño de una sociedad claramente inhumana y distópica.
Como todo, tiene su explicación que no es la maldad evidente, sino un error de concepto y la extensión de una vivencia personal negativa a la sociedad.
Ser mujer es muchas cosas. Para «Mujeres Empoderadas» ser mujer es, antes que nada, ser un ser humano. Por mucho que nuestra experiencias y biología difieran de las del macho es mucho más lo que compartimos como miembros de la misma especie. Y es mucho más lo que, con un hombre, como mujeres, podemos compartir en lo cognitivo, psicológico y vivencial.
Pero la Vida, ese invento de la Naturaleza para hacer que las especies se perpetúen y muten, inventó esa cosa tan interesante que es el sexo y, con ella, las diferencias sexuales. En Mujeres Empoderadas, una de las materias básicas, es conocer nuestra historia como hembras y nuestros procesos físicos y mentales particulares, sin minusvalorar la herencia fundamental de la Humanidad, sin diferencias de género o identidad, gustos, placeres o decisiones.
Ya seguiré explicando como el Feminismo muta en Distopía si niega la faceta maternal y maternadora de las hembras humanas y como, en realidad, la crianza de hijos libres, con autoestima y resilientes, es el mayor acto de libertad posible.
Mireia Long
Licenciada en Historia y especialista en Historia de las Mujeres y la Crianza

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