Hablemos de ocio y placer

¿Cuánto tiempo real dedicas al ocio y a aquello que te resulta placentero?

Ojalá tu respuesta sea que mucho, pero la mayoría dedican muy poco tiempo. Las estadísticas son terribles. A pesar de vivir en una sociedad dónde las oportunidades de entretenimiento y diversión son inagotables la gente dedica una porción minúscula de sus días en realidad al ocio y disfrute per se. 

Y no me refiero a que si quedas para comer con clientes o proveedores disfrutes o a que te lo pases bien escribiendo para tu blog si es profesional, o te encante dar clases. No. Me refiero a ocio del auténtico, de ese que queda totalmente separado del trabajo, del que desconecta y renueva la mente. 

Si miramos atrás, a los antiguos griegos, para ellos el trabajo y el ocio eran cosas totalmente separadas, y el trabajo sólo era un medio para garantizar que se iba a poder disfrutar del ocio. El ocio era más importante que el trabajo. Y era un ocio amplio y diverso, en el que entraban actividades físicas, intelectuales, sociales, etc. Ese concepto era fabuloso, pero poco a poco y especialmente en los últimos doscientos años se fue imponiendo la cultura del trabajo, de que trabajar es lo esencial, es lo que nos dignifica, como si todo ser humano no fuera digno por el simple hecho de estar vivo. Eso nos ha ido llevando a una sociedad en la que todo gira en torno al trabajo. Nos preguntan a qué nos dedicamos y nunca hablamos de nuestros hobbies o vida social, si no que nos identificamos con la profesión que realicemos. “Soy teleoperadora”, “soy reponedora en Mercadona”, “soy enfermera”, “soy diseñadora”. Todo eso es cierto, pero seguramente también lo sería “soy coleccionista de tazas vintage”, “soy voluntaria dos tardes a la semana”, “soy madre”. Todo eso son cosas a las que nos dedicamos, pero la profesión que ejerzamos se ha convertido en el centro de nuestra interacción social inicial con alguien desconocido.

Creo que necesitamos revisar estos valores, por que el trabajo nos ha de permitir vivir y no al revés. No podemos permitirnos vivir para trabajar, da mal resultado a medio y largo plazo, y para eso lo esencial es repensar nuestro tiempo, nuestro ocio, nuestras necesidades.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Azucena Caballero

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